Monday, March 2, 2009

032

Escuchad la música baja; 
susurra olvido en letras cerradas, 
agudas, 
ahogadas. 

Es la canción obesa que ronca lamentos, 
es bolero, bolero sin palabras 
-en clave de luna ausente-

A contrapunto el estertor, en mi boca agonizante
 -espuma oxidada, sobre mis labios arremolinada- 

He aceptado confundir el clima con el dolor del alma, la sangre con la tierra roja. 
Noche prolongada y sin musas, sin revelaciones, solo dolor bajito y copa alta.

another infamous comment...

Lo que mejor hicimos fue conversar... pero estos son otros tiempos, la palabra ya no nos pertenece, se nos vino en contra; en articulaciones lógicas que crecieron con los siglos. A Gutenberg no le debemos la libertad de pensamiento, le debemos la tiranía de la razón, que en la escritura encontró su medio.

nothing II

Somos abstractos hasta los huesos -se escribe como ruído blanco-.

Se describe como hombre sensato -la navaja en el cuello; otro día de trabajo-.

a quién más? a quién más escribo? -uno más y estaré salvado-.

Somos quienes otros nombran -invocan rumores-.

Se acabaron las verdades por decir,
la muerte tiene nombre: supervivencia.

nothing I

Here again, trying to build out of a few words anything

that can be swallowed by common man -my source of power rather

than inspiration-. The time to write wisdom beverages is gone, no nutritional letters can come out of this seed grown in english gardens. Poisson is my aim oh!...

but I should content myself with some middle class coctel.


Hate me! -do I really feel better writing me this way? what da fuck am I doing? hating, to uplift my spirit without courage; writing, to sell myself, no question about it.

Palabra mía

Dejadme escribir estos versos;
que en mi soledad sean compañía.


 Dejadme encontrar de nuevo, entre las palabras perdidas: la séquia, el mango, el potrero baldío, la soledad bienvenida. Ahora que escribo, recuerdo. Y en el recuerdo una profecía: cien años de soledad fue construida, hecha en exilio y sin compañía. Fueron sus planos el tiempo perdido, allí donde los afortunados han nacido -y que para tantos es solo tiempo construido. Yo no soy,  confieso, obrero tan instruido, pero con bosquejos me basta, saboreo lo que me plazca, y lo demás... osea todo: olvido. Algún sabio dijo: la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma. Permitanme opinar al respecto, sino es mucha la herejía. No es consuelo la eternidad de la energía, si para perpetuarse, transformarse debería, aquí mi amigo se marca la tajante raya entre hombres y lo que tan solo es materia sin vida. 


 Ahora dejadme hablar de leyes entre hombres y postular la reencarnación como salida. Se sabe bien, en estos días, que la transmutación del alma no es pura fantasía. Lo atestiguan los hombres de más cara sabiduría: poetas, escritores y más de un columnista, los más actuales directores y editores de revista. Se trata pues de estar un paso adelante de la muerte, señores esto no es palabrería! Pero si de palabrería hablamos, permítanme decirles: palabrería es tan solo la palabra ebria... y con rima! –no existe la palabrería sin rima, aunque algunos dicen, es propia de la materia sin vida–. De reencarnación les decía, el secreto está en la lengua viva, tomar el recuerdo y traerlo a la vida, permitir a la retina una segunda sorprendida, nada nuevo por supuesto: recordar es volver a vivir, el bolero lo decía. Más lo que distingue al narrador de la simple llama que en la oscuridad es consumida, es aquello de recordar para afuera, de engañar la retina. Ahora mis palabras hieden a teoría, cuando lo que anhelo es recuerdo de la vida mía. No os apresureis a hacer conclusiones que la cuestión no es sencilla; teorizar no ha sido mi vida, aunque de coma en coma una que otra hipótesis haya sido construida. La verdad, si la hubo, es que la palabra en mi vida ha sido instrumento casi puro de mentira, para esconder aquella vieja verdad: el sentimiento como guía. El olor y los abrazos, el calor y la desidia, desilusión y alegría, esos son los faros de mi vida. Siglo de las luces? nosotros no tuvimos, demasiada gente conocida. La tiranía de la familia contra el proyecto civilizador, un mejor título para escribir nuestra anticuada verdad. Ahora hablo de "nosotros" sin vuestro consentimiento; al menos tuve la cordura de no decir quienes eramos.